El Mundial 2026 marcará un antes y un después en la historia del deporte. Por primera vez, tres países serán sede de una Copa del Mundo: México, Estados Unidos y Canadá. Y en medio de esa fiesta global, México hará historia al convertirse en el primer país en albergar tres Mundiales, después de las inolvidables ediciones de 1970 y 1986.
Por Cynthia D. Rodríguez.
Pero para entender por qué este torneo significa tanto para los mexicanos, hay que mirar mucho más atrás que el Estadio Banorte, antes conocido como Estadio Azteca.
Mucho antes del fútbol moderno, las culturas prehispánicas ya vivían una versión ancestral de la competencia que hoy paraliza al mundo. El antiguo juego de pelota mesoamericano, conocido como Pok-ta-Pok, reunía a comunidades enteras alrededor de una cancha donde dos equipos se enfrentaban utilizando hombros, caderas y codos para mantener una pesada pelota de hule en movimiento e intentar atravesar un aro de piedra colocado en los muros laterales.
Aunque las reglas eran distintas al fútbol actual, la esencia era sorprendentemente similar: dos equipos, una pelota, estrategia, pasión colectiva y el deseo de alcanzar la victoria frente a cientos de espectadores. Pero el Pok-ta-Pok era mucho más que un deporte. Era un ritual profundamente conectado con los dioses, la guerra, la vida y la muerte.
En el Popol Vuh, libro sagrado maya, los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué desafiaban a los dioses del inframundo en un partido de pelota que definiría el destino de la humanidad. Desde entonces, el juego quedó ligado al simbolismo, la identidad y el espíritu competitivo de las culturas mesoamericanas.
Siglos después, esa conexión con la pelota encontraría una nueva forma de expresión cuando el futbol moderno llegó a México a finales del siglo XIX, impulsado por trabajadores ingleses establecidos en Pachuca y otras regiones mineras del país. Lo que comenzó como un entretenimiento extranjero rápidamente encontró eco en un país que, de alguna manera, ya entendía la emoción de reunirse alrededor de una cancha.
El Pachuca Athletic Club, fundado por mineros ingleses en 1892, fue uno de los primeros equipos reconocidos en México. A partir de ahí surgirían nuevos clubes, rivalidades históricas y generaciones enteras creciendo entre estadios, radios, televisores y calles pintadas de verde cada vez que juega la selección mexicana.
Nota. Imagen del Club Atlético Pachuca 1903.[Fotografía] Wikimedia Commons.Así comenzó la historia del futbol mexicano: una pasión que mezcla herencia ancestral, identidad cultural y una conexión emocional que hoy convierte al país en uno de los escenarios más apasionados del futbol mundial.
México también forma parte de la historia grande del futbol internacional. La selección mexicana estuvo presente desde la primera Copa del Mundo en Uruguay 1930 y, desde entonces, ha construido una relación inseparable con el torneo más importante del planeta.
Hoy, esa pasión por el futbol convierte a México en uno de los países con la afición más intensa del mundo. Aquí el futbol paraliza ciudades, une familias y transforma cualquier partido en una fiesta colectiva.
Y el Mundial 2026 promete llevar esa emoción al límite, porque somos locales.
Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey serán las tres sedes mexicanas de la Copa Mundial 2026. El Estadio Azteca volverá a convertirse en el epicentro de la historia al ser el primer estadio del mundo en recibir tres inauguraciones mundialistas.
Además, la selección mexicana llegará con una enorme expectativa al Grupo A, donde enfrentará a selecciones como Sudáfrica, Corea del Sur y Chequia. Y aunque cada partido será una batalla, hay algo que pesa más que cualquier estadística: somos locales.
Nueva Zelanda volverá a disputar una Copa del Mundo después de 28 años de ausencia, una de las historias que más expectativa generan rumbo al Mundial 2026.
La mascota oficial de México será Zayu, un jaguar que representa la fuerza, velocidad y energía del futbol en Norteamérica, además de rendir homenaje a uno de los animales más emblemáticos de la cultura mexicana.
Pero la verdadera magia del Mundial no solo estará dentro de las canchas.
Estará en los tacos después del partido. En los cánticos de la afición. En las banderas ondeando en cada calle. En las reuniones familiares frente al televisor. En las plazas llenas de gente viendo el partido en pantallas gigantes. Porque en México, el fútbol no es solamente un deporte: es una forma de sentir el país.
La Copa Mundial 2026 será una celebración global, pero también será la oportunidad de mostrarle al mundo por qué México vive el fútbol de una manera distinta.
Y cuando llegue el momento del silbatazo inicial, millones de voces volverán a gritar lo mismo con orgullo.
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