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Día de Muertos, la tradición mexicana que demuestra que la muerte no es el final.

¿Sabías que detrás de las flores de cempasúchil, las calaveritas y los altares de Día de Muertos existe una historia que comenzó hace siglos? 

Por Cynthia D. Rodríguez.

Cada 1 y 2 de noviembre, México se llena de colores, aromas y recuerdos para celebrar una de sus tradiciones en la que las familias honran a sus seres queridos fallecidos y mantienen viva la creencia de que, por unos días, pueden regresar sus almas a casa.

Pero el "Día de Muertos" es mucho más que las fotografías de altares que vemos en internet o los maquillajes de catrina que aparecen cada año en redes sociales. 

Detrás de esta celebración hay antiguas tradiciones indígenas,  sobre el mundo de los muertos y costumbres que han pasado de generación en generación.

 Antes de las catrinas, existía el Mictlán.

Mucho antes de que el Día de Muertos tuviera la apariencia que conocemos hoy, los antiguos pueblos prehispanicos ya tenían sus propias ideas sobre la muerte y lo que sucedía después de ella. 

Para los mexicas, morir no significaba simplemente desaparecer, pues creían que el destino de cada persona dependía, entre otros factores, de cómo había fallecido.

No todas las almas emprendían el mismo camino.

Quienes morían ahogados o por enfermedades relacionadas con el agua podían llegar al Tlalocan, un lugar asociado con Tláloc, dios de la lluvia y la fertilidad. 

Los guerreros muertos en combate y las mujeres que fallecían durante el parto tenían destinos vinculados al Sol, mientras que quienes morían de manera común debían recorrer un largo camino hacia el Mictlán. 

Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el "Mictlán", conocido como el "Lugar de los Muertos", es uno de los destinos más importantes dentro de la visión mexica del más allá.

Este mundo de los muertos, gobernado por Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, fue documentado por primera vez en el siglo XVI por fray Bernardino de Sahagún, gracias a que documentó el conocimiento de sabios ancianos y estudiantes indígenas.

Mictlantecuhtli /INAH

Estas crónicas explican que quienes morían por causas naturales debían emprender un largo viaje hacia el Mictlán, atravesando nueve niveles llenos de obstáculos antes de llegar a su destino final, un recorrido que duraba cuatro años.

Para los mexicas, la muerte no representaba el final de la existencia, sino una etapa dentro del ciclo de la vida, un paso hacia otro destino. 

Con la llegada de los españoles, estas tradiciones se saumaron a las celebraciónes católicas del Día de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos. 

Con el paso de los siglos se mezclaron y transformaron hasta dar forma a el "Día de Muertos" en México.

 ¿Qué significan las flores, las veladoras y la comida de los altares?

Ofrenda Día de Muertos / wikimedia commons.

Un altar de Día de Muertos puede parecer una combinación de flores, fotografías, comida y adornos, pero cada elemento tiene una razón de estar ahí.

Las fotografías recuerdan a las personas que ya fallecieron, mientras que los alimentos y las bebidas suelen elegirse según sus gustos. 

Elementos como el pan de muerto, que representa el ciclo de la vida, y las calaveritas de azúcar, que nos recuerdan que la muerte es inevitable, son los favoritos de la temporada y los que todos reconocen de inmediato.

Las flores de cempasúchil, con su intenso tono naranja, se relacionan con el camino que guía simbólicamente a los difuntos hacia las ofrendas y las veladoras representan la luz que acompaña ese recorrido.

Lo más interesante es que no existe un único altar que todas las familias deban copiar ya que algunas colocan platillos tradicionales, otras incluyen bebidas, juguetes, objetos personales o recuerdos que representan la vida de sus seres queridos. 

Cada ofrenda cuenta una historia diferente.

Y ahí está una de las partes más bonitas de esta tradición, porque un plato de comida puede recordar las reuniones familiares de los domingos, una fotografía puede traer de vuelta una anécdota y una canción puede hacer que alguien vuelva a sentirse cerca, aunque ya no esté físicamente.

 Mixquic y Michoacán, dos lugares donde la tradición cobra vida.

Día de Muertos en Mixquic / wikimedia commons

Aunque el Día de Muertos se celebra en todo México, cada región tiene sus propias costumbres y algunas se han convertido en referentes de esta festividad.

En San Andrés Mixquic, en la Ciudad de México, se realiza la tradicional Alumbrada, durante la cual las familias realizan el altar asobre las tumbas de sus sus seres queridos y lo adornan con flores y velas.

El momento especial ocurre cuando apagan todas las luces del pueblo y el panteón se ilumina por completo solo con el fuego de miles de velas sobre las tumbas. Entre el aroma a copal y el brillo de las veladoras, los recuerdos se vuelven los  protagonistas.

Por otro lado, en Pátzcuaro y las comunidades cercanas al lago, en el estado de Michoacán, las veladas y ceremonias en los cementerios muestran otra forma de vivir esta fecha. 

Durante el día, las familias levantan enormes arcos de cempasúchil en los panteones de las islas y al caer la noche, el ritual se traslada al agua con la procesión de lanchas que cruzan el Lago de Pátzcuaro, haciendo brillar el reflejo del agua con sus velas y redes de pesca tradicionales.

Esta riqueza cultural ha llamado la atención fuera de México, que en el 2003, la UNESCO proclamó la tradición como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad y, en el 2008, la incorporó a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo su importancia para las comunidades que la mantienen viva.

Mucho más que calaveras y fotos bonitas para redes sociales.

Día de Muertos en Oaxaca, Catrina / wikimedia commons

Las catrinas, los maquillajes y las fotografías de altares han llevado el Día de Muertos a muchos rincones del mundo, pero su verdadero significado está en las familias que mantienen vivos los recuerdos de quienes ya no están.

Más allá de la estética, lo que hace tan especial al Día de Muertos es la intención de recordar a los que ya no estan. 

Pues todo comienza desde la preparación; dedicar tiempo a armar el altar, cocinar su receta favorita o simplemente platicar sobre ellos; son las formas más sinceras de conservar su memoria. 

Es un momento que conecta el pasado con el presente, porque al final todos extrañamos a alguien y queremos revivir un pedacito de su historia. Después de todo, es un sentimiento que nos une a todos.

Por eso, el Día de Muertos no busca olvidar la tristeza de una despedida, sino celebrar la vida y el cariño que permanece.

 Entre flores, veladoras y sabores, esta tradición nos recuerda que, aunque alguien ya no esté físicamente, su historia sigue viva en todo lo que compartimos y en los recuerdos que nunca dejamos de contar.

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Por el momento me despido, soy Cynthia, hasta la próxima...

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